SOBRE LA IDEA DE CIENCIA Y LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
La idea de ciencia
Tales de Mileto, el primer científico de la historia, planteó hace 2.600 dos supuestos —el de que existen leyes de la naturaleza y el de que el hombre puede esclarecerlas mediante la razón— que constituyen la «idea de ciencia».
Pero ¡ojo!, son sólo eso, supuestos, y no pueden demostrarse; lo cual no es óbice
para que, desde Tales de Mileto, siempre haya habido hombres que han creído obstinadamente en ellos.
La idea de ciencia estuvo a punto de desvanecerse en Europa tras la caída del
Imperio Romano; pero no llegó a morir. Luego, en el siglo XVI, adquirió enorme
empuje. Y hoy día, en la segunda mitad del siglo XX, se halla en pleno apogeo.
El universo, todo hay que decirlo, es mucho más complejo de lo que Tales, hace 2.600 años, se imaginaba. Pero, aun así, hay leyes de la naturaleza que pueden expresarse con
gran simplicidad y que son, según los conocimientos actuales, inmutables. La más
importante de ellas quizá sea el «principio de conservación de la energía», que,
expresado con pocas palabras, afirma lo siguiente: «La energía total del universo es
constante».
Una cierta incertidumbre
La ciencia ha comprobado que el conocimiento tiene también sus límites. El
físico alemán Werner Heisenberg elaboró en la década de los veinte un principio que
se conoce por «principio de incertidumbre» y que afirma que es imposible determinar
con exactitud la posición y la velocidad de un objeto en un instante dado. Se puede
hallar una u otra con la precisión que se quiera, pero no ambas al mismo tiempo.
¿Hay que entender que el segundo supuesto de la ciencia es falso, que el hombre
no puede adquirir conocimiento con el cual descifrar el enigma del universo?
En absoluto, porque el principio de incertidumbre es, de suyo, una ley natural.
La exactitud con la que podemos medir el universo tiene sus límites, nadie lo niega;
pero la razón puede discernir esos límites, y la cabal comprensión de la
incertidumbre permite conocer muchas cosas que, de otro modo, serían inexplicables.
Así pues, la gran idea de Tales, la «idea de ciencia», es igual de válida hoy que
hace unos 2.500 años, cuando la propuso el griego de Mileto.


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