LA SONRISA DEL ESPÍRITU: "enseñar con una demostración contundente"




LA SONRISA DEL ESPÍRITU

HISTORIAS Y ANÉCDOTAS SOBRE EL HUMOR
EN LA RELIGIOSIDAD

El primer ministro Kuo Tze, de la dinastía Tang, era un hombre de Estado notable, así como un distinguido general. Sus condiciones militares y políticas lo habían convertido en el héroe nacional más admirado en sus días.

Pero la fama, el poder, la riqueza y el éxito no lograban disminuir en el primer ministro su intenso interés y su devoción al budismo. Se consideraba a sí mismo un budista sencillo: humilde y devoto, y solía visitar a su maestro Zen para estudiar bajo su dirección. Él y el maestro Zen parecían entenderse muy bien.

El hecho de que tuviera la posición de primer ministro, entonces una posición muy encumbrada en la antigua China, parecía no ejercer influencia sobre sus relaciones. Al parecer, no había la más leve traza de obsecuencia en el maestro Zen, ni de vana altivez de parte del ministro, y sus relaciones eran las puramente religiosas que existen entre un maestro respetado y un discípulo obediente.

Sin embargo, un día, cuando Kuo Tze I, según su costumbre, visitaba al maestro Zen, le formuló la siguiente pregunta: “Reverendo Padre: ¿qué explicación da el budismo del egoísmo?”

La cara del maestro Zen se puso súbitamente azul, y con un tono extremadamente altanero y desdeñoso se dirigió al primer ministro de esta manera: “¿Qué estás diciendo, imbécil?”

Esta salida irrazonable e inesperada hirió los sentimientos del primer ministro, y una leve expresión de enojo empezó a mostrarse en su rostro. El maestro Zen sonrió y dijo: “Excelencia, eso es egoísmo”.

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