LA DESCONFIANZA PUEDE LLEVAR A UN DESCUBRIMIENTO...


La desconfianza del rey de Siracusa con su orfebre permitió a Arquímedes (285-212 a. C.) desarrollar su famoso Principio. 

Hijo de Fidias, un prestigioso astrónomo griego, Arquímedes se convirtió en el más famoso de los matemáticos y geómetros de su tiempo. En tiempos de la dominación romana de Siracusa llevada a cabo por el general Marcelo, Arquímedes se puso a las órdenes del rey Hierón para quien inventó la catapulta. 

Pero el rey quería fabricarse una nueva corona para lo cual entregó a un platero de la ciudad grandes cantidades de oro y plata, además de otros metales. 

El orfebre terminó el trabajo pero el rey, a pesar de loar la belleza de la corona, sospechó que el orfebre había sustituido los metales preciosos por otros de peor calidad. Solicitó entonces a Arquímedes que lo averiguara. Pasaban los días y el matemático no hallaba la solución a tan compleja petición. 

Absorto en la cuestión de la corona, Arquímedes se dio un baño pero no cayó que había llenado la bañera más de lo debido. Aquello fue determinante para desarrollar su teoría: «todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado». 

Salió de la bañera y corrió desnudo por las calles de Siracusa hasta el palacio real exclamando «¡Eureka, Eureka!» («¡Lo hallé, lo hallé!»)

Arquímedes aplicó a la corona real su recién descubierto principio. La densidad de la corona no correspondía a la cantidad de metales entregados por el monarca. 

El orfebre fue ejecutado por estafa al rey.

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