LAS HEMORROIDES DE NAPOLEÓN BONAPARTE



La salud de Napoleón Bonaparte, el hombre más poderoso de su tiempo, era más bien precaria y le pudo pasar factura en alguno de los momentos más decisivos de su vida. 

Sus problemas digestivos comenzaron a manifestarse cuando el joven Napoleón apenas contaba 28 años. 

Debido a su estreñimiento crónico padeció de hemorroides y sus posteriores preocupaciones por el declive paulatino de su imperio le llevaron a sufrir de migraña, cálculos y cólicos. Para el gobernante francés la alimentación era una cuestión secundaria y no dedicaba demasiado tiempo ni a sus comidas ni a deglutir lo que comía. Además, no dormía más de cuatro horas diarias. 

En la campaña de Egipto padeció fiebres y una grave infección urinaria, en la batalla de Borodino, que tuvo lugar en 1812, padeció problemas urinarios, en la de Bautez, en 1813, sufrió problemas gástricos y ese mismo año en Leizpig el ejército francés perdió la batalla porque su general se encontraba aletargado. 

Todos los historiadores coinciden en que Napoleón pudo haber perdido la decisiva batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815, librada entre el ejército imperial francés y las tropas británicas y prusianas al mando del duque de Wellington y del general Von Blücher, por un repentino y violento ataque de hemorroides. La noche previa a la batalla el Gran Corso durmió poco y sus generales observaron cómo se movía con dificultad y cómo sus fuerzas flaqueaban. Aquella mañana, en lugar de atacar más temprano como estaba previsto, Napoleón se vio obligado a demorar el ataque ante la imposibilidad de subirse a su caballo «Marengo» con el fin de supervisar el movimiento de sus tropas. El día era terrible y la lluvia inundaba los campos de Bélgica. 

Napoleón pensó que si esperaba la lluvia escamparía y el terreno se secaría ligeramente. La tensión y los nervios provocaron que los músculos del esfínter de Napoleón se tensarán de tal manera que el emperador francés sintiera intensos dolores hemorroidales que le obligaron a tomar baños para calmar las molestias. 

Cuando pudo hacerlo, la climatología adversa y otros errores de estrategia militar —el ejército francés se dispuso en forma simétrica para cubrir las maniobras del enemigo emplazado en la colina de Saint-Jean pensando que los prusianos se retirarían al Este— facilitaron la victoria de las tropas británicas y prusianas. 

¿Cómo sería la Europa del presente si las hemorroides de Napoleón no le hubiesen impedido aplicar la correcta estrategia militar en la última batalla?


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